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Mapa del sueño: un rompecabezas repleto de enigmas

Publicado Por:Lissette Garcia ~ 0 comments


El pasado mes de julio una encuesta realizada por el Centro de Investigación sobre Fitoterapia (INFITO) revelaba que 7 de cada 10 españoles tienen problemas para dormir, principalmente causados por la llegada del calor y los cambios de hábitos de sueño. Un rompecabezas que a pocos días de finalizar el verano vuelve a recomponer sus piezas. Las temperaturas bajan y gran parte de ese 67% que durante la estación estival también reconocía modificar sus costumbres a la hora de ir a la cama puede respirar aliviado. Pero no todo resulta tan sencillo, más si cabe, en un campo donde conviene huir de las generalizaciones.

No vale con pensar en modo «sota, caballo y rey», ya que esta vez el tópico de «cada persona es un mundo» viene como anillo al dedo. Seguro que más de una mañana —y de dos, y de tres—, se han levantado con la incertidumbre de no saber por qué hay noches en las que uno aparentemente duerme bien y amanece muerto de cansancio. Otras, en cambio, bastan pocas horas de reposo para estar más fresco que una lechuga. Una sinrazón que pone en entredicho aquello tan manido de que vale más... ¿cantidad o calidad?

El doctor Diego García-Borreguero Díaz-Varela, experto neurólogo y psiquiatra especializado en la patología del Sueño en el Instituto de Investigaciones del Sueño, desvela que ambos factores son importantes, pero puntualiza que «cuando hablamos de cantidad nos referimos al número necesario de horas que cada uno necesita de modo particular y en el que va a haber importantes diferencias individuales, en las que va a influir la edad o el momento del ciclo vital, circunstancias personales, etc».

Una reducción de la cuantía de horas de sueño siempre se manifiesta de manera continuada, de forma que las repercusiones sobre la salud van apareciendo de manera gradual. «A las pocas semanas se producen alteraciones hormonales, cardiovasculares, del metabolismo de la glucosa y neurológicas. Además, algunos estudios han mostrado también un acortamiento de la esperanza de vida, al incrementarse el riesgo cardiovascular».

Por otro lado, Díaz-Varela coloca el foco de la calidad en el mantenimiento de una adecuada arquitectura del sueño. «Este factor puede determinarse a través de revisiones periódicas. Con frecuencia, causas médicas (respiratorias, neurológicas, medicamentos, etc) pueden manifestarse a través de una pérdida de la calidad del sueño. La persona afectada se levanta por la mañana con la sensación de haber dormido mal, de sentirse cansada».

Ciclos de sueño

A lo largo de la noche un individuo pasa por diferentes fases —componen el llamado ciclo de sueño— que se repiten periódicamente. En la denominada fase 1 —de vigilia— se pasa a una etapa de transición hacia el sueño, donde nuestro cuerpo se va relajando y adormeciendo, cada vez con mayor intensidad, hasta que se va profundizando en el sueño y se entra en la fase 2. «En estos dos periodos de sueño más superficial seguimos percibiendo estímulos del entorno, por lo que aunque dormidos, aún tenemos la sensación de estar en duermevela. Muchas personas con tensión o alteraciones del sueño como la apnea o el Síndrome de Piernas Inquietas no pueden profundizar más allá y pasan buena parte de la noche en este estado, de modo que cualquier cambio en la estimulación ambiental, ruido o movimiento puede hacerles despertar».
Si el proceso no sufre ninguna alteración, a continuación se entra en una tercera fase que es la de sueño de ondas lentas, más profunda, en la que el cuerpo va perdiendo el tono muscular y la mente desconecta del exterior, de modo que se empieza a no percibir el entorno que nos rodea y es esta fase de sueño la que nos hace sentir que realmente descansamos. El doctor señala que la práctica regular de ejercicio físico parece favorecer este tipo de sueño profundo y reparador.
Posteriormente aparece una fase de sueño muy diferente, en el que el tono muscular se paraliza por completo pero nuestra actividad cerebral es más parecida a la de vigilia, y es el momento en que tienen lugar los sueños. «Esta fase se caracteriza entre otras cosas porque se producen movimientos oculares rápidos, que dan nombre a esta fase de sueño como sueño REM o MOR (Movimientos Oculares Rápidos). Parece que es aquí donde se reprocesa, organiza, borra y almacena la información, vivencias y aprendizajes recibidos por el día, así que el estudio y trabajo o actividad mental favorecería esta fase de sueño», explica Díaz-Varela.

Cuestionado por la relación entre un mal descanso y que alguien se despierte varias veces por la noche, el doctor alude al hecho de que las fases anteriormente mencionadas se repitan. «Durante este período se producen cuatro o cinco ciclos de sueño, aumentando a lo largo de la noche el porcentaje de fase REM, tras episodios breves de alertamientos o microalertamientos implicados en estos cambios de fase. Estos despertares, son absolutamente normales, previsibles e incluso importantes desde el punto de vista evolutivo, ya que nos permiten tomar contacto brevemente con el entorno para ver que todo está bien y seguir durmiendo».

Recordar las sueños

Una escena habitual al despertar es tener en la punta de la lengua el sueño de la noche anterior pero no recordarlo. Algo totalmente habitual incluso si con frecuencia surgen los manidos despertares breves. «No obstante, para algunas personas, estos alertamientos normales se prolongan produciendo largos despertares, o se producen muchos más despertares porque su sueño es más superficial por ansiedad, otras alteraciones de sueño o consumo de algunos medicamentos o drogas. Este último caso se manifiesta por el día con la sensación de ausencia de descanso, dolores musculares, de cabeza, etc. Y por tanto es cuando tenemos que acudir a un especialista», remarca Díaz-Varela.

Así pues, la frontera que marca la aparición de un trastorno viene determinada por varios factores: la frecuencia o cantidad de despertares, la duración más prolongada de los mismos, la dificultad para volver a conciliar el sueño y la sensación de descanso o el posible malestar que pueda surgir a lo largo del día siguiente.

En ocasiones, recordar los sueños puede ser sinónimos de problemas. Es frecuente que las personas que tienen más ansiedad y depresión duerman en un mayor estado de tensión y alerta, que facilita más alertamientos o microdespertares y despertares. «Si estos, se producen en la fase REM, recordarán momentáneamente el sueño y si se despiertan varias veces en esta fase a lo largo de la noche, tendrán la sensación de estar soñando toda la noche y se levantarán especialmente cansados. Es en este último caso, cuando rememorar excesivamente los sueños puede estar relacionado con un descanso peor y más superficial y por tanto sea un motivo más que suficiente para acudir a un especialista», concluye el doctor Díaz-Varela.


Lissette García

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