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Doña Letizia, estilo y mucha paciencia en París

Publicado Por:Lissette Garcia ~ 0 comments


François Hollande (59 años) mide un metro setenta y pico. O un metro setenta y poco. Ante la «grandiosa Majestad» de un Rey Felipe VI de casi dos metros, no ha querido parecer «David contra Goliat» en la escalera de entrada al Elíseo. Está claro que el presidente de la República Francesa es republicano: quién si no. Pero ni su estatura ni su ideología excusan que haya recibido a la Reina de España desde tres peldaños más arriba. Si no quería hacer una reverencia, no estaba obligado a ello. Doña Letizia ha dada una lección de discreción, estilo y aguantoformo.
El presidente francés, acostumbrado a tratar a las señoras con cierto desdén, no debería comparar a sus «posibles primeras damas» con toda una Reina. Cuando hace años perdió en las primarias socialistas contra su pareja de entonces, Ségolène Royal (60), el nuevo «latin lover» comenzó a vivir con una imparable y posesiva Valérie Trierweiller (49), a la que, con el cargo de presidente en el bolsillo, ha tenido que dejar por unas fotos que le relacionaban con la actriz Julie Gayet (42).
Comparando estilos y recordando la languidez aburrida de Ségolène Royal, Doña Letizia le da sopas con ondas en estilo. Imaginando a la Reina junto a la exagerada y efectista Valérie Trierweiller, Doña Letizia se da un baño de elegancia. La Reina, con una belleza solo comparable a la de Julie Gayet, va siempre impecable y discreta: nada que ver con el desaliño habitual que despliega la casi desconocida actriz.

Para su viaje de siete horas a París, Doña Letizia ha elegido un vestido con vuelo color rosa palo y cinturilla beige que replicaba los bordados en seda del vestido de su boda. Sorprende esta nueva silueta vaporosa que habitualmente evita: sabe que a las faldas amplias las carga el demonio con el viento.

El «zapatero prodigioso»
Los zapatos elegidos por Doña Letizia para su visita a París fueron de nuevo un modelo de la casa Magrit. Estos afortunados fabricantes de Elda a los que la Reina ha hecho de oro, llevan cuatro generaciones creando zapatos de calidad, exportando y fabricando para Carolina Herrera o Donna Karan.

En esta ocasión han sido unas sandalias de tacón alto, criticadas por ser un calzado más bien de corte nocturno. Recordemos que estamos en el mes de julio y los zapatos cerrados se pueden jubilar por unas semanas, aunque bien es cierto que no dejan de ser más serios para un acto oficial. Sus uñas de rojo demuestran que se siente bien «dans sa peau». No llevaba medias, pero con sandalias y casi 30 grados, debería estar permitido prescindir de ellas. La elegancia supone una cierta dosis de lógica.

Los pendientes han sido una novedad. Suele llevar piezas más sencillas pero de mayor calidad, aunque en esta ocasión ha elegido un modelo de Tous que combinaba muy bien con su vestido. Su peinado, un moño bajo sin perfilar, nos parece más que suficiente para una recepción de día.

El viaje a París ha estado lleno de momentos complicados para la Reina, debidos a la asimetría que causa la ausencia de una primera dama francesa. Posados poco evidentes, saludos difíciles y piedras en el suelo del jardín del Elíseo supusieron una yincana para Doña Letizia. El hecho de que Don Felipe sepa hablar francés no debería haber sido óbice para incluir traductores para ambos. Recordemos que Hollande no habla español y poco inglés.

La Reina está estrenando su rango en el extranjero con acierto. No le pidamos que actúe con una expresividad que quizás evita por prudencia. Esperamos sinceramente que las dificultades a las que se ha visto expuesta hayan sido motivadas por fallos del protocolo francés y no hayan sido programadas a propósito. Lo que tenga que aguantar la Reina será prueba y señal de lo que tenga que aguantar España.




Lissette García


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