
A poco más de un día del 10 de enero, fecha prevista para la asunción de un tercer mandato del presidente Hugo Chávez, la guerra de declaraciones arrecia en Venezuela. Gobierno y oposición intercambian acusaciones según las cuales ambos bandos se proponen romper el orden constitucional ese día.
En sendas conferencias de prensa casi simultáneas, han hablado este martes los rivales de las elecciones del pasado 16 de diciembre para gobernar el Estado de Miranda, Elías Jaua —ex vicepresidente de la República, derrotado— y Henrique Capriles —excandidato presidencial y gobernador reelecto—. Jaua, dirigente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ha denunciado que constituye una ruptura del marco constitucional la pretensión de que el poder quede a cargo del presidente del Parlamento de manera interina, si Chávez no asiste a su juramento ante la Asamblea Nacional. “Porque no cumpliendo ninguno de los supuestos en la Carta Magna previstos para una falta absoluta, la oposición quiere que el Parlamento lo decrete desconociendo la voluntad del pueblo”, ha afirmado.
Por su parte, Capriles virtual candidato opositor en caso de que la eventual falta de Chávez y la transición consiguiente obliguen a convocar a elecciones presidenciales en los próximos meses, ha instado al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) a tomar pronto una decisión acerca del conflicto de interpretaciones constitucionales que amenaza con sumir Venezuela en una crisis de gobernabilidad. “Ustedes tienen una responsabilidad ante la historia y ante la paz”, ha advertido Capriles a los magistrados.
Quizás la noticia más importante de la rueda de prensa ha permanecido tácita, mientras tanto. Pues, aunque Capriles asegurara que hasta el momento no es “candidato a nada”, sentado a su lado tuvo al gobernador del Estado de Lara, Henri Falcón, un disidente del PSUV que con su propio movimiento ganó fácilmente la reelección en esa región del centrooccidental venezolano. Su presencia se ha interpretado como el lanzamiento de la fórmula Capriles-Falcón para una venidera campaña. De ser así, se trata sólo de uno de los reacomodos que con premura la oposición acomete para aprovechar con mejores opciones la oportunidad que le ofrecería una baja eventual de Chávez.
El tándem Capriles-Falcón representa una deriva socialdemócrata de la propuesta alternativa a Chávez. Pero, sobre todo, conforma desde ya un frente común de figuras que se amparan en sus liderazgos regionales para hacer un contrapeso a los partidos tradicionales que dominan en el interior de la alianza opositora. No es la única disputa intestina que hay para reseñar. Tras las dos derrotas de los pasados comicios del 7 de octubre y 16 de diciembre, se dejaron escuchar voces críticas que en público pidieron a la Mesa Unidad Democrática (MUD) modificar sus estrategias. Entre los pronunciamientos se contó con el del excandidato presidencial Manuel Rosales, quien desde Perú, donde vive en exilio, ha declarado que “es muy grave esconder las dos últimas derrotas y echarle la culpa al pueblo”.
La polémica se puso de manifiesto en una reunión efectuada a puerta cerrada el domingo, a la que asistieron representantes de los 19 partidos que integran la MUD. Una fuente interna admitió a EL PAÍS que las quejas afloraron sin restricciones. Sin embargo, ninguno de los protestantes atinó a esbozar una estrategia mejor que la que ejecuta la MUD ni, incluso, una estructura que prometa mejores resultados a corto plazo. Así, quedó ratificada la MUD ante los venideros acontecimientos políticos como un matrimonio de conveniencia, no muy bien avenido pero al que todavía interesa adscribirse.
Del mismo modo se confirmó a Ramón Guillermo Aveledo como secretario ejecutivo de la alianza, a la que se acordó conferir un carácter más programático, sin preminencia exclusiva de lo electoral. En la jornada también se discutieron las opciones de acción que contempla la oposición frente al 10 de enero.
Se consideran tres posibles escenarios: que el jueves el oficialismo conceda pactar la falta temporal del presidente con la que, “por analogía con el texto constitucional”, la MUD se muestra dispuesta a llegar a un acuerdo; el segundo, que la mayoría oficialista del Parlamento se limite ese día a informar de que el TSJ adoptó una decisión que permite esperar a que el presidente Chávez pueda tomar el juramento; y el tercero, que ni siquiera se convoque a sesión o no haya quorum. “Según la opción que finalmente se dé, así serán nuestras respuestas”, vaticinó la fuente, “pero siempre lo importante será no dejarnos atrapar por el radicalismo del Gobierno y de las redes sociales”.
La diputada opositora María Corina Machado denunció la noche del lunes que el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, aún no ha convocado la sesión con hora precisa. Pero el propio Cabello, en rueda de prensa ofrecida horas antes en la sede del PSUV, mantenía abiertas todas las opciones y hasta aventuró que el presidente Chávez todavía podía hacerse presente para recibir a los mandatarios regionales que, como José Mújica de Uruguay y Juan Manuel Santos de Colombia, anunciaron que asistirán. “Vienen para acá una cantidad de presidentes de países amigos, jefes de Gobierno y primeros ministros de algunos países, a darle su solidaridad al presidente Chávez y al pueblo de Venezuela y al respeto de esta Constitución”, celebró Cabello.
Se sabe que la oposición apelará también a la comunidad internacional. Hoy ha circulado una carta que Ramón Guillermo Aveledo dirigió al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, avisándole del entuerto constitucional que se estaría preparando en Venezuela.
Lissette Garcia
RosasSinEspinas
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