
Los enfrentamientos entre los manifestantes de Taksim y os agentes antidisturbios continuaron hasta altas horas de la madrugada de este domingo en algunos puntos de Estambul. La policía usó varias veces gas lacrimógeno para detener el avance a unos pocos miles de personas que querían cruzar el puente del Bósforo desde el lado asiático de la ciudad para unirse a las protestas en el centro. Hoy, la tensión volverá a las calles de la principal ciudad turca con dos manifestaciones, una convocada por los críticos al Gobierno del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, levantados contra el desmantelamiento del parque Gezi, junto a la plaza Taksim, y otra de los fieles al dirigente islamista moderado.
Entre las dos concentraciones habrá dos horas de diferencia y ocho kilómetros de distancia. La de los indignados de Taksim, organizada por movimiento de Solidaridad con Taksim, está prevista a las cuatro de la tarde. El acceso a la plaza, asegurada por las fuerzas de seguridad tras el desalojo a la fuerza ayer del parque, será prácticamente imposible, por lo que se prevé una tarde sin duda crítica, sobre todo tras las declaraciones del ministro turco para la Unión Europea, Egemen Bagis, para el que los que traten de entrar de nuevo en la plaza serán considerados "terroristas".
Policía sin descanso
Anoche, en la Avenida Istiklal, que desemboca en Taksim, decenas de policías descansaban y algunos dormían en los portales o sobres sus escudos de plástico. Cuatro de ellos aceptaron hablar bajo la condición de que no se revelaran sus nombres, ya que no se les permite hablar con la prensa. Los agentes aseguraron que llevan 15 días trabajando sin descanso y sin que se les permita ir a casa. Dijeron que a veces trabajan durante jornadas de 24 horas pero que no se les pagan las horas extra.
Además, contaron que muchas veces han de comprarse ellos la comida con su propio dinero y que cuando la reciben del cuerpo en ocasiones se trata de comida en malas condiciones. Dijeron que duermen cuando pueden y donde en pueden, en cualquier sitio que esté vacío. "Yo quiero paz, ojalá mañana todo esto haya acabado", comentó uno de ellos. Todos tenían aspecto de ser muy jóvenes. En esta avenida, más hacia el sur, alejándose de la plaza Taksim, seguían los enfrentamientos entre grupos de manifestantes y la policía, que disparaba latas de gas lacrimógeno que los manifestantes cogían y tiraban de vuelta a los agentes.
La policía había rodeado la plaza Taksim, que se encontraba vacía, y el parque Gezi, adonde no permitían el acceso. Desde fuera, se veía grupos de trabajadores de los servicios de limpieza y varias máquinas excavadoras y camiones recogiendo escombros y llenando al menos un gran contenedor. Cerca de 100 personas han resultado heridas sólo durante el desalojo del parque, todas adultas y ninguna de ellas de gravedad, según un grupo de médicos voluntarios que se encontraban en una clínica de campaña establecida al lado del hotel Divan, que ha dado refugio a los manifestantes durante ésta y otras intervenciones policiales.
Cuando ya empezaba a amanecer, junto a esta clínica, en otro pequeño espacio verde, algunos de los antiguos ocupantes del parque Gezi se habían instalado en unas pocas decenas de tiendas de campaña. Otros dormían en el césped o en los bancos de madera, envueltos en mantas. Otras varias decenas de personas dormían en el lobby del hotel Divan, algunos sentados en sillones y otros tumbados en el suelo sobre alfombras.
El gobernador de Estambul, Huseyin Avni Mutlu, describió la intervención policial como "extremadamente suave" y dijo que 29 personas habían resultado heridas leves. "Vamos a continuar con nuestros trabajos para establecer un entorno pacífico en las próximas horas", añadió Mutlu en declaraciones a la prensa.
La Confederación de Sindicatos de Trabajadores Públicos (KESK, en turco) ha anunciado que va a convocar una huelga general para este lunes. "Ya habíamos tomado la decisión de declararnos en huelga si había una intervención en el parque. Así que mañana vamos a declarar una huelga para el lunes", dijo Mustafa Turgut, portavoz de KESK, que representa a unos 240.000 trabajadores, y a quien cita la agencia Reuters.
Lissette Garcia
RosasSinEspinas
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