
Home » noticias » Ya no hay primavera arabe para los egipcios, El Ejército asume el poder legislativo tras el cierre de las urnas

Las primeras elecciones libres de la historia de Egipto comenzaron con una primera vuelta celebrada en medio de un clima de euforia y optimismo contagioso el mes pasado. Era el momento que habían esperado los egipcios durante toda su vida y por el que cientos de ellos murieron en la represión que siguió al despertar democrático árabe. Este fin de semana han vuelto a las urnas en una segunda y definitiva vuelta con el ánimo algo más decaído. Apenas unas semanas y una sucesión de descalabros político-militares han bastado para que cunda el desencanto democrático en amplios sectores.
Pocos minutos después del cierre de las urnas, el Ejército emitió un comunicado en la televisión estatal, citado por la agencia France Presse, en el que promulgaba nuevas disposiciones constitucionales, que definirán el papel del jefe del Estado. Aunque el contenido no se ha hecho público, fuentes militares citadas por AFP, indican que los militares asumen el poder legislativo en virtud de estas disposiciones. El pasado jueves, el Tribunal Constitucional anuló las elecciones legislativas y ordenó la disolución del Parlamento en un movimiento calificado de "golpe blando" por observadores políticos.
Boicoteadores y votantes renegados pueden resultar decisivos en unos comicios en los que no hay un claro favorito. Las autoridades electorales retrasaron ste domingo hasta dos horas el cierre de los colegios para animar a los 50 millones de egipcios a votar tras la puesta del sol abrasador. Los primeros resultados se conocerán en la mañana del lunes. Esta tarde no se habían divulgado aún resultados oficiales. Las horas que sigan a la publicación de los resultados serán cruciales para determinar si la transición egipcia sufre un nuevo golpe o si, por el contrario, empieza una nueva etapa más esperanzadora.
Los Hermanos Musulmanes han amenazado con sacar a sus seguidores a la calle si consideran que ha habido fraude. Numerosos observadores vaticinan también protestas de los votantes de Ahmed Shafiq en caso de que ganen los islamistas.
Sorprende el número de personas que en la calle dicen que no votaron o que votaron en blanco o a disgusto; que están en contra del islamismo que defiende el candidato Mohamed Morsi y que no quieren ni oír hablar de Shafiq, antiguo primer ministro de Hosni Mubarak y candidato preferido del Ejército. En la Red, proliferan las páginas que piden el boicoteo. La polarización extrema resultante de la primera vuelta ha dejado a muchos votantes descolgados, sin un candidato que se sientan capaces de digerir.
Los ataques a la democracia perpetrados por la Junta militar la pasada semana (disolución del Parlamento y resurrección parcial de la ley de emergencia) hace que dé un poco igual a quién vayan a votar, porque al fin y al cabo el Ejército va a seguir rigiendo sus vidas y la economía del país por mucho tiempo. Piensan también que todo el esfuerzo y la ilusión que acompañó a las elecciones parlamentarias del pasado invierno se ha ido ahora al garete y han vuelto a la casilla de salida. Algunos se enfadan. Otros se resignan a convivir con unas elecciones que no son las que habían soñado. Los dos partidos en liza son plenamente conscientes de que su verdadera misión en esta segunda vuelta pasa por movilizar a los nuevos desencantados.
Hisham Kassem, fundó el diario Al Masri al Youm y es un analista al que en Egipto se escucha con atención. Explica su posición por teléfono mientras vuelve a El Cairo de Alejandría, hasta donde se ha desplazado solo para votar. En blanco. “A mí me preocupa lo que pase, pero soy un laico y bajo ninguna circunstancia podría votar a un candidato religioso. Y Shafiq, un hombre que dice que Mubarak es su modelo, me parece como poco una falta de respeto”. Las dos cruces en las papeletas es uno de los gritos de guerra de los desencantados. Piensan marcar a ambos candidatos y luego, añadir algún mensaje escrito.
Junto al mercado de Jan el Jalili, Abdel Saher, de 72 años, regenta una librería: “Estas elecciones es como elegir entre dos enfermedades. No sé cuál es la menos mala. Los Hermanos Musulmanes son duros de mollera. No les interesa el arte, las cosas de la vida. Los militares y su candidato nos dan miedo. No sabemos qué va a pasar”. Y se sorprende a sí mismo con una ocurrencia. “Igual al final pongo dos cruces y escribo al lado: no me fío de ninguno”.
Otros irán a votar, pero con la nariz tapada porque creen que más vale ser pragmático. Votarán al que menos miedo les dé. Si lo que más temen es que al Ejército y a los elementos del antiguo régimen, votarán a Morsi. Si por el contrario les aterra la idea de que la sharia, la ley islámica, decida qué se come, se bebe o se viste, votarán a Shafiq.
Es lo que le pasa a Abdelfatah Fathi, un guardia de seguridad privado resignado al que le da miedo que los Hermanos hagan de la religión su ley. “Cualquier cosa antes que ellos”, dice este hombre que piensa votar a Shafiq y que expresa con sencillez algo que piensan muchos. “En época de Mubarak gobernaba el Ejército. Ahora será lo mismo. ¿Qué le vamos a hacer? Es a lo que estamos acostumbrados. Hemos aprendido a resignarnos”.
Lissette Garcia
RosasSinEspinas
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